Reflexiones de docentes sobre la inclusión educativa

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Nancy Falcón: Trabaja en la Fundación de la Amistad Argentino-Turca, que está en un movimiento educativo que promueve el diálogo interreligioso, nació en Turquía en la década del ’90, y está en Argentina desde 2001 Desde allí, dirige desde hace 2 años un centro de diálogo intercultural, “Alba”. En ese marco, coordina un programa interreligioso con una veta de educación, llamado “Constructores de puentes”.

Jana Charaf: Es profesora del área judaica en la escuela secundaria hebrea Scholem Aleijem desde 1993.

Mara Arcángeli: Es profesora de filosofía; trabaja en dos escuelas cristianas, del ámbito privado; y en profesorados en formación docente, en el ámbito público. Realiza, desde hace años, trabajo comunitario en el barrio INTA, de Villa Lugano.

Sandro Rojas: Es teólogo de tradición católica, formado en la Universidad Católica Argentina y especializado en Sagrada Escritura. En 1995 una congregación religiosa lo becó durante tres meses, para estudiar arqueología y Biblia. Realizó también un postgrado en gestión educativa. Actualmente tiene un cargo directivo en el colegio salesiano San Francisco de Sales. Además, da clases en el Centro de Estudios Salesianos de Buenos Aires, CESBA.  

Oscar Rodríguez: Es el secretario del colegio Filii Dei, ubicado en la villa 31 de Retiro, subvencionado por el Estado, con una cuota baja (entre $105 y $125 mensuales). La institución fue fundada en 1957 y en la actualidad, asisten 1600 alumnos.

Mariana García: Es Licenciada en Letras (USAL), docente de Literatura en el Programa del Bachillerato Internacional (IBO) en nivel medio del Colegio Santa Brígida y Jefa del Departamento de Lengua.

Marcela Rojas: Es Profesora de Enseñanza Media y Superior en Ciencias Antropológicas (UBA). Trabaja como docente del departamento de Ciencias Sociales en el Instituto Juan Bautista Berthier. Fue Subsecretaria de Extensión Universitaria y Bienestar Estudiantil de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA entre 2006 y 2014. Integró la coordinación del área de Niñez, Juventud y Familia del Programa de Extensión Universitaria en Cárceles de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Trabaja en proyectos de Voluntariado Universitario en el área de Extensión.

 Javier Mauad [1] (Coordinador): Nos pareció interesante plantear este espacio para la reflexión como trabajadores de la educación privada. Es importante, en este aspecto, que tengamos esta publicación y, sobre todo, que aparezca la actividad propia de los compañeros, de cómo transitan el espacio de enseñanza-aprendizaje, que se desconoce.

Siempre está limitado, pareciera que nosotros tenemos un empresario que nos contrata y que ahí no pasa nada y decididamente no es así y está bueno que lo veamos.

Marcelo Albornoz[2] (Coordinador): Es muy apropiado y oportuno el momento de la publicación, porque es un tema de agenda política. Estamos cumpliendo 10 años de un proceso político que en el área educativa realizó transformaciones muy importantes.

También es esencial poner en valor y analizar qué significa la inclusión y calidad educativa, porque pareciera ser que se estigmatiza el tema de lo que es inclusivo: se incluye pero no se enseña o se incluye pero con baja calidad.

O sea, tenemos que tener en claro que los que tenemos una mirada desde ese lugar, de inclusión social, educativa, de tolerancia a la diversidad, que contemple las equidades y las idiosincrasias de cada institución, tenemos por sobre todas las cosas la obligación de observar el fenómeno de manera multivariable, multicausal; porque si nos ceñimos a la variable estrictamente pedagógica en cuanto a la adquisición de conocimientos significativos y relevantes, estamos dejando afuera aspectos sociales, culturales, aspectos de educabilidad que a veces no son mensurados en las evaluaciones estandarizadas.

Entonces, creo que hace falta problematizar el tema, cuestionarlo, profundizarlo y con esta intención, los convocamos. La idea de este encuentro es plantearnos la actividad docente con una mirada ecuménica, enriquecedora, en relación a la diversidad cultural.

Jana Charaf: Para nosotros es un orgullo e incluso un honor, porque son pocas las veces que tenemos espacio para sentarnos a reflexionar con docentes de otras instituciones.

Javier: Nos gustaría comenzar el intercambio con la presentación de cada uno de ustedes; y del proyecto de educación solidaria del que participan.

Sandro Rojas: Soy teólogo de tradición católica, me especialicé en Sagrada Escritura. Tengo un cargo directivo en un colegio salesiano, el San Francisco de Sales. Ahí me encargo de la formación y acompañamiento de equipos docentes y directivos. Coordino un profesorado de ciencias sagradas en el barrio de Liniers y doy clases en el profesorado, en el CESBA, también con los salesianos.

Mi función en la escuela es articular los tres niveles escolares en torno a una idea de educación por la justicia. O sea, mi trabajo es a veces con los nenes de la sala de 5, con los docentes o con los directivos. La idea es tener dispositivos que eduquen en eso, en una mirada de justicia.

En concreto, tenemos un centro cultural ambulante y estamos trabajando en el barrio Rivadavia 1, en el Hogar “Madre Teresa”, con los chicos de 4° y 5° año; una propuesta de atención a la gente en situación de calle con jóvenes y ex alumnos los viernes. En cada ciclo articulamos juntos.

En el profesorado, empecé con la coordinación el año pasado. Fue un planteo de educación en competencias y entonces la idea es que los futuros docentes incorporen el paradigma de la investigación educativa.

El objetivo es que el trabajo de campo exceda a la práctica y que sea un escenario de reflexión. Y entramar un proyecto que arranca desde lo curricular y se expresa después en la acción.

Oscar Rodríguez: Trabajo en el colegio Filii Dei, estamos ubicados en la villa 31 (barrio Carlos Mujica). Soy el secretario de la escuela hace un par de años, el trabajo allí es empezar a ser solidarios entre las varias culturas que conviven: paraguaya, peruana, boliviana, argentina y se está sumando una comunidad ecuatoriana inmensa. Vinieron varias familias con mucha fuerza, porque en dos años se pusieron a participar de los distintos actos y acciones institucionales.

Nosotros teníamos el “Día de la tradición” como nuestro emblema de acto, que invitábamos a todo el mundo y desde hace unos años, desde que se llama “Día de la diversidad cultural” al ex “Día de la Raza”, empezamos a tener ese día como nuestra fiesta.

En definitiva, con esa fiesta lo que estamos intentando hacer, es que se plasme todo el año; porque ese día están los bailes peruanos, paraguayos, que también los bailan algunos argentinos y buscamos que eso le muestre a los padres una cuestión que es que esta tierra, la Argentina, que es la de ellos en este momento, sea la de todos y que también nosotros incorporemos un poco de ellos.

Ese es el principal trabajo que tenemos: que las culturas estén y se respeten.

Recién hablaban de cuál sería la inclusión y yo me peleo muchísimo con muchos maestros que dicen, acerca de un alumno: “no, no sabe” y les respondo: “¿Qué es no saber?, si estuvo hablando en quechua durante 6 años, llega acá y tiene tres horas de inglés en primer grado, ¡Es imposible para el pibe, que del quechua salte al castellano y encima al inglés!” Hay que repensar cómo acomodar esas horas, además de la computadora.

Es todo maravilloso, porque tienen inglés y computación, con lo cual el padre de clase media de la ciudad de Buenos Aires estaría chocho. Pero para un pibe que viene del campo, de Paraguay, tenemos que trabajar muchísimo desde ahí.

Si bien pertenecemos a gestión privada, tenemos el Plan Sarmiento, a través de las escuelas de gestión social. El plan avanza y tiene sus debilidades de parte gubernamental, pero también tienen la fortaleza de una facilitadora digital y que los maestros poco a poco nos fuimos comprometiendo con esta idea de que la computadora tiene que estar, en cómo usarla y que deje de ser un juego, o un estorbo y en cómo incluirla.

Bueno, ese gran trabajo tiene que ver con el día a día y con algo que es “poder entendernos”, porque es una escuela de 32 grados, con más de 50 docentes, y 960 alumnos en primaria: bastante complejo.

La gente se olvida rápidamente de cuando fue alumno y los padres se olvidan de cuando fueron hijos, pero este es un problema social y no de la escuela, que nos olvidamos y hacemos un escándalo por cualquier cosa. Pero uno ve cómo vienen los pibes y la poca atención que les dan en algunas escuelas estatales que los reciben. Los chicos de las villas son maltratados en muchas escuelas estatales, en donde no pasa nada. Depende del director, porque no hay supervisión.

Al menos en el registro que nosotros tenemos de los pibes que se van y luego vuelven, porque lamentablemente hay una cuota que va desde 130 a 170 pesos, que varía por nivel, y no pueden pagar porque por ahí son tres hijos y los padres capaz no hablan… sino nosotros tratamos de hablar con administración para que los bequen y en realidad vuelven porque es mucho el maltrato que hay.

Esta es una cuestión que el estado tiene que revisar en forma urgente.

Esto es en lo que trabajamos a diario, tiene que ver con que realmente si los docentes creemos que los pibes no pueden hacer nada, ellos no van a poder hacer nada. Si el que está frente tuyo cree que vos no servís para nada… Y en eso también trabajamos muy fuerte, porque hay ciertos maestros que no tienen en cuenta las diferencias. Los tiempos han cambiado pero hay maestras jóvenes que repiten un modelo anticuado de educación.  Entonces, hay un trabajo muy fuerte ahí y de luchas cotidianas.

La base del trabajo está en el día a día, que es ciertamente muy complejo y no sé si vamos a ver de acá a 50 años, que el argentino tome al boliviano como se toma a los españoles y que también, los peruanos puedan integrarse sin temor. No sé si va a llegar la “Latinoamérica unida”, pero bueno, ahí está el trabajo.

Javier: Está bueno que en un espacio como la 31 la inclusión y la calidad tienen otro paradigma, otro sentido. Eso es importante, ya que nos exige pensar desde otro lugar.

Oscar: Sí. Digamos que ahí hay una función privada que debería, y no digo que esté en contra de lo privado porque trabajo ahí, ser una función indelegable del estado.

Hay un cruce ahí. Ciudadanos pagan los sueldos, Nación a través de Puertos Argentinos cedió los terrenos hace unos años atrás, y una administración gestiona todas las cuestiones.

Jana: Trabajo en la escuela secundaria Scholem Aleijem y en otras dos escuelas de la red escolar judía.

También tenemos distintos proyectos solidarios que atraviesan de primero a quinto año, pero fundamentalmente la inclusión, la solidaridad y el vínculo con el otro es en el día a día.

En el racional de la escuela está formar jóvenes argentinos judíos comprometidos con la realidad social, que es uno de los ítems además de lo académico. La escuela es totalmente heterogénea, ya que está el alumno que puede abonar el arancel completo como el que tiene beca hasta en el comedor.

Con respecto a la inclusión, no es solo cuestión de diferencia de orígenes o de realidad social, sino que es también cuestión de inclusión de las capacidades y el dilema es “incluir sin excluir a nadie”.

Nuestras charlas se refieren a incluir a todos y dedicarles el tiempo que necesita cada uno, tratando de sacar las potencialidades de cada uno.

Esto es desde el lado de la calidad. Y desde el lado de la solidaridad, la entendemos como el vínculo con el dar; o sea, el darnos mutuamente y no ponernos en la posición de “tenemos y somos los que damos”.

Tenemos proyectos solidarios de voluntariado, pero insisto en que todo empieza en las aulas. Sea cual sea la materia, nada tiene sentido si en la clase el alumno no está respetando o escuchando al compañero. Creo que la solidaridad está en ese momento, en la clase.  

Fundamentalmente, el momento de ocuparnos del otro es importante, la cuestión no es ayudar para dormir tranquilo o sentirnos buenos y así lo entendemos en la escuela, como un ida y vuelta de dar y recibir.

En los talleres que dictamos, damos contenido y fundamentación teórica para llevarlo a la acción. La palabra es importante, pero para educarnos para la acción.

Cuando es obligación ayudar algunos dicen sí y otro no, pero es como una obligación moral y nuestros sabios establecieron que es obligación ayudar a los enfermos o llorar cuando estamos de duelo.  Cuando analizamos esto, algunos dicen “¡pero es básico ayudar a los enfermos!” y entonces le digo a los chicos: “entonces me quedo tranquila que cuando falta un compañero, ustedes automáticamente le dan la tarea y jamás les dirían que no hicieron nada por no ir hasta locker a buscar”. Ahí se produce un gran silencio, porque racionalmente tienen todo claro, pero a la hora de actuar es más difícil. Bueno, eso es lo constante de cómo nos comportamos.

Una de las acciones que hacemos es interactuar con una escuela judía de chicos con necesidades especiales, porque esos chicos no tienen muchas oportunidades de estar con otros adolescentes. Entonces los viernes hacemos actividades juntos, bailamos y cantamos. Ellos esperan el viernes, porque sus papás no los llevan a los boliches, y ellos quieren bailar con otros adolescentes y ese es el momento.

Hay algunos estudiantes de 2° año que hacen danzas sefaradíes con esos chicos y después participan todos juntos en un festival.

En 3° año hay chicos que junto con el profesor de educación física, después del horario de clase, van a jugar fútbol con chicos que tienen distintas discapacidades y en estos momentos hay un proyecto con Casa Grande, de juntar útiles escolares. Pero, no es juntar cosas, sino que siempre se trata de “poner el cuerpo”.

Yo soy tutora de 5° y en economía los chicos tienen que presentar un proyecto de emprendimientos, que puede ser con o sin fines de lucro. Hay chicos que quieren ayudar para cambiar el mundo y piensan en el hambre en Sudáfrica y a tres cuadras de la escuela hay un parador con muchas necesidades a pesar de que tiene subvención del Gobierno de la Ciudad.

Entonces fuimos con el profesor de Economía y los alumnos de la división que querían hacer ese proyecto, a preguntarles qué necesitaban. Hay una propuesta de preparar un evento, también necesitaban cosas materiales, y les llevamos alimentos. Es como que abrimos puertas.

Pero lo más importante es abrirnos nosotros a través de los estudiantes, a las necesidades.

Uno de los pilares del judaísmo es lograr la justicia social, que va más allá de la caridad: es pensar lo que necesita el otro y qué es lo que necesito yo, que es este ida y vuelta. Fundamentalmente pensamos que en el día a día hay un otro y hay que tenerlo en cuenta constantemente.

Nancy Falcón: Pertenezco a la Fundación de la Amistad Argentino-Turca, que nació en Turquía en la década del ’90. Llegó a Argentina en 2001 y desde hace 8 años tenemos un colegio laico semiprivado que está en Flores, el Hércules, y a su vez tenemos desde hace 2 años un centro de diálogo intercultural, que se llama “Alba”, que es el que dirijo. Allí coordino un programa interreligioso con una veta de educación que se llama “Constructores de puentes”.

Lo que hacemos es ir a diferentes colegios, en el ámbito de cátedras ya existentes, a hablar sobre el respeto a la diversidad. Contamos qué es el islam, el judaísmo y el catolicismo; de repente salen cuestiones de respeto hacia otro tipo de diversidad, que no necesariamente es la religiosa. Encontramos el tema de la discriminación al chico que sabe más o que sabe menos, o porque sus papás están separados. O sea, salen otras cuestiones que no tienen nada que ver con lo religioso y nos encontramos tratando de trascender todo el discurso interreligioso y hablar directamente de por qué tenemos que respetar al otro como un diferente.

Lo escuchaba a Oscar y pensaba que las realidades son completamente diferentes, porque son colegios con cuotas muy altas; la gente que accede a esos colegios son de otro tipo de clase social y eso hace pensar que ahí no hay problemas, pero sí los hay y quizás no muy diferentes. Tal vez son problemas de otra índole, pero problemas al fin. Hay chicos y chicas de secundario con problemas alimenticios, o chicos del primario que por ahí los papás se llevan mal o se separaron y entonces se portan mal en el colegio o maltratan a sus compañeros.

Entonces, a nosotras nos toca lidiar con el tema del respeto al otro o del otro como diferente, no como enemigo, con chicos de primaria y de secundaria.

Lo que me llevé de ahí son las preguntas más difíciles, las cuestiones que más tenés que pensar cómo resolverlas y cómo contestar, las hacen los nenes, que te preguntan cosas puntuales. Digamos, ellos te enseñan más de lo que vos podés enseñar.

Después, con la Fundación, hacemos anualmente “La fiesta del sacrificio”, rememorando el sacrificio de Abraham con su hijo primogénito, en nuestro caso Ismael,  y nuestra Fundación todos los años nos da una donación de dinero, con el que compramos carne halal, que es casi igual a la kosher. Tenemos un listado de comedores y de colegios que trabajan con comedores y llamamos y les preguntamos a cuántos chicos les dan de comer y a partir de eso les donamos carne. O sea, un día específico vienen de esos colegios y les hacemos una donación que, si uno se pone a pensar en toda la problemática que existe, es algo mínimo, porque pueden compartir una comida. Pero mucha gente con la que hemos estado hablando, de los comedores, dicen “es la primera vez en el año que estos nenes van a comer carne”.

Al principio uno se emociona mucho y eso te da más ímpetu para seguir haciéndolo.

Las problemáticas van desde cosas puntuales que los nenes no pueden manejar, como violencia en su propia casa, que no tiene que ver con la clase social, porque es una problemática que atraviesa todas las clases, los padres separados o problemas con su cuerpo (anorexia, bulimia), que veo en todas partes. Y después sí veo en los colegios más carenciados o en los barrios que son más pobres que tienen esas cosas más básicas, como que a los nenes hay que darles de comer sino no pueden estudiar, porque se quedan dormidos o no pueden prestar atención, porque comen mal en la casa.

Recuerdo que hace un año y medio con “Constructores de puentes” pensamos que sería lindo capacitar no solo a los niños directamente en el aula, sino también a los docentes o a los directores de escuelas, para que ellos capaciten después a sus docentes. A través de la Subsecretaría de Educación de la Ciudad, nos dieron un espacio para brindar un taller con directores de área de escuelas, allí les explicamos cómo trabajábamos. Ellos también nos traían esta problemática, que muchos de sus docentes no están capacitados para incluir a la persona que es diferente. En la práctica en el aula les cuesta muchísimo que el docente no discrimine.

Creo que hay que hacer una capacitación para los docentes, para que sepan cómo lidiar con esto. Uno va aprendiendo también cuando lo va haciendo.

Mara Arcángeli: Soy docente y profesora de filosofía. Trabajo en los dos ámbitos, en el público y en el privado, en ambos con la misma carga horaria, así que tengo una experiencia casi igual en los dos lugares.

En el ámbito privado trabajo en dos escuelas católicass y en el ámbito público en  escuelas de arte, en profesorados en formación docente.

Por otro lado, conozco y participo de actividades que se hacen en un barrio, en la villa INTA en Lugano y es un lugar al que intento llevar a toda la gente que puedo. Así que, tanto de la escuela secundaria como del profesorado invito e inserto a los alumnos que quieran con diferentes actividades.

En la escuela secundaria coordino un proyecto de aprendizaje en servicio, subvencionado por el Gobierno de la Ciudad. En este proyecto vamos una vez por semana al barrio y hacemos apoyo escolar, una actividad recreativa y/o artística y merienda. Eso lo hacemos los viernes con una escuela y los sábados con otra; así que en los dos secundarios en los que trabajo los jóvenes adolescentes tienen abierta esta posibilidad. Ellos vienen voluntariamente. Uno los convoca, les cuenta y vienen los que quieren y pueden.

Por otro lado, en la escuela Lola Mora de artes visuales, como estoy a cargo de la asignatura didáctica les hago hacer a los estudiantes una práctica, también en la villa INTA, donde ellos planifican una actividad artística en un marco pedagógico, ya más formal por lo menos para ellos, porque llevan una nota en la materia que cursan y ahí sí es obligatorio asistir. Hacen un plan de clase, preparan la actividad, van al barrio y realizan la tarea.  

Esto hace que muchos después sigan viniendo o recuerden esa experiencia en general, contentos.

Por un lado, creo que uno va eligiendo los ámbitos en donde estar y en mi caso mi elección es estar en esos ámbitos, en los “márgenes” podemos decir y después, discutiendo desde lo teórico bastante, con estas palabras que nos salen porque nos educamos con ellas, como “tolerancia”, “aceptar al otro”.

Empecé a leer hace unos años a Carlos Skliar, que es un teórico de la educación y él invita o abre esta puerta, de la mano con otros autores también, a repreguntarnos estas palabras que utilizamos, porque ya nos ubican en un lugar: si hay que tolerar o aceptar, entonces yo ya estoy en otro lugar que no es el mismo, con la idea de solidaridad, me parece que también funciona esta lógica.

En mi caso, yo lo propongo a los alumnos que puedo y no solamente a alumnos, porque llevo a mi pareja, a mi hija, a mi madre a tener un doble aprendizaje, que es lo que a mí me pasa en esos espacios. Por un lado, el aprendizaje que uno puede tener al encontrarse con otro siempre, con otro cualquiera y, por otro, me parece que hay un segundo aprendizaje, cuando ese otro es el marginado, el vulnerado, el estigmatizado.

Entonces, es fuerte lo que pasa y no hay muchas palabras para describirlo.

Esa es la tarea que yo me propongo, que no sé si es chiquita o grande, de invitar a que suceda esto que me pasa a mí, que me parece que les puede pasar a muchos y ojalá a todos.

Mariana García: Puedo ser muy negativa cuando hablo, pero la verdad es que actualmente no estoy en ningún proyecto solidario. Es más, estoy acá para ver si me reconcilio un poco, porque es como que de alguna manera me hace bastante ruido.

En mi vida laburé en villas, estuve veranos en el monte santiagueño trabajando y todos estos conceptos de solidaridad o de caridad, hace mucho tiempo que me empezaron a hacer ruido, sobre todo quizás desde esta lógica más católica de “nosotros tenemos y damos y ¡qué buenos que somos!”. Creo que tiene que ver mucho el lugar en donde yo trabajo.

Yo enseño literatura en 4° y 5° año en un programa que es el de bachillerato internacional, que tiene una apertura ideológica muy grande de autores de todo el mundo, dándole importancia también a los argentinos y los latinoamericanos. Pero leemos autores japoneses, vietnamitas, africanos. Es una apertura muy interesante en una institución que ideológicamente cada vez está más cerrada. Este proyecto de bachiller internacional, que en realidad nació como algo elitista, se está ampliado, por ejemplo, Correa ahora lo puso en todas las escuelas estatales de Ecuador, tiene un sistema de trabajo interesante, de hacer estallar un poco algunas estructuras de lo que es la escuela.

Desde el Bachillerato Internacional hay un proyecto que se llama CAS, de “Creación, Acción y Servicio”, que es muy interesante en muchos colegios, pero no es el caso del Santa Brígida; porque está la idea de lo solidario en los términos que planteaban de “yo qué bueno que soy, tengo tanto para dar” y yo estoy un poco como peleada con estos conceptos y está bueno estar acá, para ver si me animo un poco.

Me parece también que está bueno interpelar estos conceptos, de hasta qué punto esto de lo solidario transforma… O sea, yo en este momento estoy en ese lugar muy incómodo y que me atormenta bastante, pero lo estoy transitando como puedo.

Javier: Ese era uno de los ejes que queríamos debatir y que más entusiasmo nos gnerar para charlar con ustedes: la palabra solidaridad, ¿Qué piensan de este concepto?

Oscar: No es lo mismo solidaridad que caridad, ni aceptación que tolerancia. Al decir “tolerar” ya parto de un “te tengo que tolerar”. No es lo mismo “te tengo que aguantar” que “te tengo que aceptar” y es una rigidez.

Esto de la capacitación de los docentes que recién planteaban, me parece que excede en los profesorados.

Yo me recibí hace menos de 30 años y puedo decir que es realmente excelso el nivel que tienen algunos profesores, con la línea con la que bajan lo que dicen.

Está en cada uno de nosotros. Es muy difícil esa transformación, porque es un cambio social general y lo necesita implementar un gobierno, porque sino ¿Cómo se hace?

Hay algo que es personal y puede transformarse a nivel de lo social. Mientras tanto cada uno puede poner su granito, ahí donde hay que amigarse… Yo también soy de los que digo “y… mucho no se puede hacer con la labor personal o te juntás con dos o con tres en una escuela”.

Marcelo: Quisiera hacer un aporte. Después de mirar y de escuchar las riquísimas experiencias que cada uno de ustedes llevan a cabo, en líneas generales me sentí identificado con todos, desde las posturas más radicalizadas hasta las más amigables.

Estamos absolutamente convencidos que la transformación empieza primero por uno. O sea, uno tiene que tener en claro que la realidad social se puede transformar en principio desde el discernimiento propio, desde el conocimiento, desde la tarea compartida y desde el compromiso hacia una causa mucho más noble, que nos trasciende.

Pasa esto siempre en las instituciones de formación docente, en nuestros propios colegios, en la academia, en la sala de profesores, este debate sobre formar y contener y yo creo que es una síntesis. Tenemos que contener, incluir y formar.

Y si hay algo misterioso, yo voy a hablar desde la sociología antropológica si se quiere o sociología educativa, estas categorías que estoy compartiendo con ustedes es la persona. La persona es misteriosa, compleja, multidimensional, racional, animal, biológica, cultural, mística, pragmática; pero, por sobre todas las cosas, solo se puede transformar la realidad social si transformamos las superestructuras económicas y sociales que condicionan la educabilidad de nuestros alumnos y de todos nosotros.

Pero, para eso hay que tomar una decisión existencial, trascendental y eso pasa al mirar la realidad, al ser permeable a ella y al sentirse absolutamente identificado con la necesidad del otro, con la necesidad de la otra persona, y eso creo que es importante dejarlo claramente establecido.

Y después algo estrictamente educativo. Hay un término que está poco problematizado, que es el término de justicia educativa. Tiene que ver con tener en claro el diseñar un plan de estudios común y ambicioso, pero que contemple en sus contenidos las diversidades y las especificidades de los destinatarios y de las comunidades en donde se va a implementar; porque sino seguimos generando incluidos en teoría, pero que están excluidos hacia el adentro. Excluidos por su pobreza, por su poco capital cultural, por sus patologías, que atraviesan todas las clases sociales.

Así que son muy bienvenidas todas las experiencias que tiendan, en este mundo tan globalizado, tan mercantilista, a humanizar la educación.

Jana: Mariana, yo soy utópica y muy optimista y por eso estoy en educación, porque creo que podemos generar cambios.

Obviamente, sería ideal que nadie necesite que vos le lleves un plato de comida y que todo funcione genial; pero ante la carencia también está bueno que, por ejemplo, una alumna que termina 5° año, antes de irse nos manifieste que quiere hacer algo por el otro.

Esto que nos pasa a nosotros es como una obligación de ayudar. Hay gente a la que no le gusta ayudar y uno trata de educarlo y abrirle la cabeza y no sé lo que las capacitaciones docentes pueden lograr.

Desde lo institucional hay un proyecto de una compañera mía, que se llama “El leoncito Dan”. Una vez por mes va a Alejandro Korn a un merendero a festejar los cumpleaños de los chicos; no es el ideal: es. Pero lo más rico es el momento del encuentro.

En un momento yo conocía a las sacheteras, que juntan sachets de leche y hacen bolsas de dormir para gente en situación de calle y en la escuela juntaron sachets, para hacer las bolsas. Yo no quiero que esa gente viva en la calle, pero no tengo una casa para darles y cuando le vas a llevar la bolsa para dormir, lo más importante no es eso, sino que empiezan a contarte una historia.

Marcelo: Creo que todos tenemos en claro las mismas dudas que tiene Mariana, pero en lo que me parece que estamos de acuerdo es que si primero no formamos a un sujeto emocional y racionalmente sensible ante las injusticias, no lo vamos a poder transformar. Por supuesto, es una tarea titánica y mucho más compleja.

Además, formando en la problemática social a nuestros alumnos y formándonos nosotros en los problemas sociales, también contribuimos a formar una ciudadanía más comprometida. Ergo, se supone que, como todo proceso dialéctico, se va a ir convirtiendo en el caso nuestro, que creemos en la democracia, de una democracia formal a una de tipo sustancial profunda, donde haya plena vigencia de la justicia social.

Lo otro es la duda y el escepticismo, que para algunas cuestiones sirve, pero para el tema humano me parece que entre el escepticismo y la neutralidad, yo me comprometo.

Marcela: Creo que lo que está haciendo Mariana es algo que de algún modo todos lo estuvieron haciendo, que fue interpelar desde su propia práctica. Hace 10 años que nos vienen machacando, desde un estado que anteriormente estaba ausente, que estábamos pasando por una etapa de inclusión.

Yo también me pregunto todos los días desde los diferentes espacios en los que estoy inserta: cuando hablo de inclusión, explícitamente ¿estoy hablando de integración, de solidaridad, de calidad educativa, de formación docente y de formación en ese proceso de enseñanza-aprendizaje?, que es a mi criterio lo que más me fortalece y me enriquece y no desde lo teórico, sino en el día a día en el aula.

¿Cómo interpelo a mis alumnos en el marco de la institución educativa en donde estoy, en relaciones e interpelaciones que tenemos cotidiana e individualmente?

¿Incluir es lo mismo que generar justicia social? Estamos en un proceso político que, reitero, pasó de una instancia de ausencia absoluta del estado a un estado presente, con dificultades. ¿Se puede hablar de justicia social? Sí, en algunos espacios sí se ha logrado, a través de la lucha de los propios actores sociales, a incluir grupos importantes de la sociedad que estaban estigmatizados, excluidos. Sí, se los incluyó desde la justicia social, desde que existe una ley, pero la sociedad ¿entendió ese proceso?

Me parece que esa es la tarea más desafiante que tenemos los docentes: poder, desde esta interpelación que nos hacemos, enseñar. Considero que la educación nos hace libres y nos genera un espíritu crítico en el cual lo que pueda aparecer como muy naturalizado, yo lo puedo interpelar también. ¿Cómo hago para que entiendan que inclusión no es lo mismo que hacer justicia social y que el hecho de que exista una ley no implica que va a haber un reflejo en toda la sociedad en relación a esa ley?

¿Cómo entiendo yo mismo que generar un proyecto de solidaridad es eso, es ir con una bandejita y ofrecer lo que tengo, sin una mirada crítica de lo que estoy ofreciendo y que es constituir un proyecto que esté mancomunado con la comunidad en la cual está inserta esa institución?

El desafío que tenemos como docentes es poder desnaturalizar los discursos y los conceptos que están como dados y que nos lo bajan como estáticos. O sea, como decía él: “yo integro”, “yo soy una escuela que permite la integración y vienen los bolivianos y los paraguayos, pero el que recibe no está preparado para la integración. Porque no estuvo formado en esta reflexión y desnaturalización de lo que consideramos obvio. Ese es el problema.

Podemos aprender a desnaturalizar ciertas consignas, a leer el proceso de por qué hay un otro. Hay un otro que estuvo abandonado por cantidad de años por un proyecto político- económico, por una mirada de país y la educación no está ajena a eso.

Jana: esto también es un proceso. No es que automáticamente yo te digo “busquemos una casa, juntemos comida, el domingo vamos a Alejandro Korn a festejar los cumpleaños”.

Estoy en la escuela desde el ’93 y había una época en que entrábamos y había cajas y cajas y todos cuestionábamos, entre nosotros y con las autoridades “qué hacemos juntando cajas”; porque esto es cantidad, no es calidad, y entonces dijimos “empecemos a reforzar el proceso”.

Pero, creo que si esto no se interpela quizás vamos a poder generar en otros colegas… A algunos les nace naturalmente, pero creo que se puede construir en otros.

Oscar: Pero es muy complejo. Por ejemplo en el tema de los paradores, tenemos uno atrás de la escuela. La gente que trabaja en el parador trata mal al otro, que está muy cerca de ser como él; porque él es empleado de un parador y es de clase media baja y esto hay que tenerlo claro. Es cierto que no tenemos conciencia de clases.

Yo soy muy pesimista como ella en esto, por eso creo en estos trabajos de los merenderos, y la alternativa de un gobierno con el que adscribo en algunas cosas también; pero, ¿cómo hacés para la metamorfosis de la gente que odia a la gente?

Si me permiten, les voy a contar una historia personal: tengo dos hijos adoptivos y cuando vivía la mamá iban a dormir al parador, los maltrataban y a las 6 de la mañana los echaban, siendo que el personal es clase media baja.

Entonces, cuando yo leo el expediente y el más chiquito me lo contó, que tenía 6 años cuando iba con la mamá a dormir, porque estaban en situación de calle, pienso que es muy difícil el cambio y diría que es casi imposible, porque hay una clase que detesta a la otra y encima hay una clase baja que no se siente identificada con que la odian y quiere pertenecer ahí arriba.

Marcela: Lo que vos decís es muy interesante, porque parte de la idealización de la pobreza en términos morales.

Sandro: Pero hay culturas y subculturas, sistemas y subsistemas.

Nancy: Creo que todos nos sentimos identificados con Mariana y no es que uno es pesimista.

Hay días que yo digo “para qué hago esto, si no cambias nada o cambiás una comida un día.

Comprendo también a Jana cuando dice que hay que ser optimista, pero hay días en que digo “esto es un horror” y hablo con la gente de la Fundación y les digo “¡para qué hacemos esto todos los años! Es el estado el que se tiene que hacer cargo, pero cuando está ausente, ¿qué hacemos?

Hay que pensar un poco más y la transformación quizás tiene que ser en términos de ciudadanía, de democracia; pero también tiene que ser, y en esto quizás el aporte lo hago desde la religión, un cambio trascendental desde el ser humano. O sea, es un cambio del humano que va quizás a impactar en la ciudadanía.

¿Esto va a impactar en el estado? Quizás no lo vamos a ver y tampoco lo vean nuestros nietos. También nosotros buscamos el resultado inmediato. Decimos “yo ya di un kilo de carne, veamos cómo le mejoró a esa persona”.

Quizás le mejoró un día y nada más y también tenemos que hacernos cargo de eso: le mejoré un día, que es poco, entonces, ¿Cómo puedo hacer desde lo poco que soy, que soy una persona, para mejorarle otro?

Tiene que ser un cambio del ser humano y nos encontramos a veces, obviamente, discriminando y esa es la lucha que tenemos que tener con nosotros mismos, en el día a día.

Por eso, hay días en los que vamos a ser optimistas y otros en los que somos pesimistas y eso tiene que ver con el ser humano en sí. No podemos ser siempre optimistas. Hay días en los que me pregunto si Dios existe, pero así es el ser humano. Lo que quiero decir es que todos somos Mariana en un punto.

Marcelo: Nuestra misión es ir marcando esa huella, pasar la posta y que el que la reciba tenga esa sensibilidad, esa apertura, sabiendo que es un eslabón más.

Es como sembrar la semilla de un árbol, ¿quién va a disfrutar de esa sombra?

Nancy: Sembrás un olivo y decís “¿y esto cómo impacta?”, pero quizás le cambias la cotidianeidad a alguien que empezó a pensar que se puede pensar de otra manera y no lo ves de inmediato; pero la educación sí cambia a la gente.

Yo tengo chicos que desde chiquitos les hemos dado talleres, los ves un poquito más grandes y se acuerdan de lo que les enseñamos; y yo ni me acuerdo lo que les dije. En los nenes queda y eso sí les impacta en la vida. Creo que eso, por lo menos para mí, es lo único que me da un motor para seguir haciendo esto.

Todo el tiempo hay que ir haciéndose una evaluación propia y una autocrítica, aprendiendo mucho de lo que uno hace; porque uno dice “docente” como si fuera una plataforma que vos das una cátedra y no es así. El docente aprende mucho más de lo que puede llegar a dar.

Mara: Me parece que hoy lo más desafiante como docente es tener ganas de ser docente y ésta es casi la única respuesta que pude encontrar.

Después, pensando en “La educación prohibida”, en la justicia y en las características de nuestras instituciones…  “La educación prohibida” es una película que cuando se estrenó en los profesorados impactó fuertemente.

No va a cambiar la educación si no se cambia la institución educativa, por lo menos en los términos en que está planteada, en una lógica colonial. La escuela es una institución que heredamos y que yo, habitándola todos los días varias horas, veo que eso es un límite, más allá del deseo que podamos tener. Por ejemplo, yo fui con una directora a las reuniones de la NES que se hicieron y planteé que estábamos discutiendo programas, contenidos, materias y que para mí esa no era la discusión, sino el método, el dispositivo educativo.

Si leemos a Paulo Freire desde el marxismo, surge la necesidad de una conciencia de clase y ahí para mí aparece fuertemente qué es la justicia educativa, que él responde muy bien, que es la otra pregunta que aparecía. La justicia educativa es lo que cada uno necesite y me parece que ahí hay otra respuesta que se puede ensayar.

Y lo último, que también lo decías vos, Marcela, es en relación a cuánto podemos hacer en un marco político, en el Gobierno de la Ciudad. Yo en la cátedra, también el profesorado, de enseñanza para la diversidad, cuando presento mi proyecto una de las unidades era “Discutir con el concepto de diversidad”.

Quiero decir que me desaprobaron ese proyecto, ya que no se ven discursos que discuten con el concepto de diversidad; eso es lo que decían los jurados. Tuve que rehacer mi proyecto y corregirlo.

Por supuesto, los educadores también tenemos esta posibilidad de que en el proyecto no aparezca la discusión, pero adentro del aula sí. Esa es una libertad ganada en la democracia que me parece que también es real y así es como seguimos diciendo que las instituciones siguen siendo dispositivos coloniales.

Sandro: El tema es complejo y tiene como distintos abordajes.

Quiero centrarme en la cuestión del trabajo en la escuela y el trabajo docente.

Coincido con muchos de ustedes y sobre todo con Mara, que la escuela reproduce los esquemas de inequidad en la sociedad; o sea, la escuela muchas veces es reflejo de la sociedad en que vivimos. Por lo tanto, es función de los docentes y de la educación construir o instalar símbolos nuevos. Las palabras marcan.

El discurso religioso tiene una serie de palabras que hoy habría también que repensarlas.

Por un lado, la solidaridad fue superadora de la caridad vertical, pero hoy también es necesario, me parece, repensarla; porque la solidaridad hoy establece una simetría, que por ahí el anhelo de la justicia lo explicita de otra manera. Por otro lado, pertenezco a una tradición religiosa muy particular, que en su historia ha hecho gestión de la pobreza; ha monopolizado y ha capitalizado el monopolio de la pobreza. O sea, cuando a la Iglesia se le disputa la gestión de la pobreza, por lo general la Iglesia reacciona mal, porque ese es su lugar de identidad.

En estos últimos años, independientemente de los posicionamientos políticos, ha crecido una idea que “el alumno también es un sujeto político que transforma el entorno”; por eso la educación está de un modo al servicio de munir de herramientas y competencias, donde se transforme con la acción política.

Lo político es la gestión de lo público en beneficio de todos y un chico en nuestras escuelas, sobre todo si es confesional, como es el caso de mi escuela, tendría que poder vivir los valores del Evangelio de un modo mucho más pleno. O sea, es transformación del corazón, pero también es transformación del  entorno. Las propuestas que hacemos en la escuela tienen que ver por ahí.

A mí todo esfuerzo por embellecer el mundo en un principio me conmueve, pero muchas veces sé que no son neutrales.

Compartimos a menudo la idea de no querer ser funcional a la solidaridad burguesa. Pero es cierto que a veces, en esta construcción progresiva, procesual del anhelo por la soberanía y la justicia, algunas personas sólo pueden llegar a eso.

Me parece que la escuela tiene un rol de construir y las propuestas intentan eso, no solamente quedarnos en ayudar al otro, sino que es un producto pedagógico. Es una práctica que nace en la escuela, que es gestionada por docentes y que intenta instalar un modelo de participación política ciudadana desde, en este caso, la identidad evangélica.

Pero me parece que es importante esto que la solidaridad muchas veces es funcional a un modelo cultural y la escuela tiene que ser contracultural en esto.

Jana: Creo también que tenemos que ponernos de acuerdo y que lo rico de esto es poner énfasis en lo que nos une y no en lo que nos separa, independientemente de lo que pensamos distinto. En eso también está la diversidad y el respeto por las diferencias y creo que el tema está en vivir replanteándonos.

En educación no nos podemos quedar quietos nunca, y estamos en educación porque deseamos estarlo… A veces cuando enseño contenidos me dicen “¿Esto es relevante para un adolescente?”, a lo que respondo: “Mirá, primero es relevante para mí, que no es poca cosa”.

Si yo me voy a interpelar a mí y lo voy a hacer con pasión, algo voy a abrir.

Tuve el honor de entrar en capacitación de docentes de escuelas democráticas, tratando de buscar otro horizonte, y un director dijo “si la escuela es democrática, la mayoría son los alumnos siempre”. Si gana la mayoría, son los alumnos, pero el que tiene el saber y sabe algunas cosas es el docente. Entonces cómo hacemos para que se escuche la voz de los alumnos, pero también el saber y la experiencia.

Lo que quiero decir con esto es que constantemente me replanteo, me repregunto.

Yo no tengo que darle de comer a un alumno, pero si ese alumno viene sin comer, le daré de comer y después veré cómo profundizo el problema.

Me encantaría que todos mis alumnos vengan comidos y que todos tengan cumpleaños.

Acá habrá alguien que tiene algo para mí y para otro yo tengo y no dejar de revaluar y replantear cuando termino cada práctica.

Lo que vos intentabas construir con esa acción que hiciste en la escuela yendo a la villa, quizás sentiste que no lograste construir en el que le robó a tu alumno; pero hubo otros tantos que sí modificaste, que como no le robaron a tu alumno, no te enteraste. Por ahí al que terminó robando le faltan otras cosas.

Cuando tratamos de construir con estudiantes si no tienen el apoyo de la familia, la escuela sola no puede.

Javier: Como cierre quiero agradecerles muchísimo a todos que hayan podido participar.

Creo que generamos un espacio de confianza. Es absolutamente alentador, más allá del planteo escéptico, nos vamos con la esperanza y con la sensación de haber aprendido mucho; porque uno ha encontrado compañeros, docentes que se reconocen como agentes de transformación y permite el futuro desde otro lugar.

Estamos seguros que este ámbito de trabajo, que nos enriqueció a todos, nos permitirá avanzar sobre líneas de acción que quedaron expresadas.

 


[1] Secretario de Comunicación y Prensa de SADOP Seccional CABA

[2] Secretario Gremial de SADOP Seccional CABA