La Noche de los Lápices

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Uno de los tantos hechos luctuosos de la última dictadura cívico militar se produjo el 16  de septiembre de 1976 en la ciudad de La Plata, donde  un grupo de estudiantes secundarios fue secuestrado por las Fuerzas Armadas, se trataba de : Francisco López Muntaner, María Claudia Falcone, Claudio de Acha, Horacio Ángel Ungaro, Daniel Alberto Racero, María Clara Ciocchini, Pablo Díaz, Patricia Miranda, Gustavo Calotti y Emilce Moler.

Durante el mismo  secuestro, los jóvenes fueron sometidos a torturas y vejámenes en distintos centros clandestinos de detención , aún seis de ellos continúan desaparecidos (Francisco, María Claudia, Claudio, Horacio, Daniel y María Clara).

La mayoría de esos  jóvenes tenían militancia política,muchos habían participado, durante la primavera de 1975, en las movilizaciones que reclamaban el BES (Boleto Estudiantil Secundario), un beneficio conseguido durante aquel gobierno democrático y que el gobierno militar  fue quitando de a poco.

De retorno a la Democracia , constituida ya la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP)se estableció que la policía bonaerense había preparado un operativo represivo y de escarmiento para los que habían participado en la campaña por el boleto estudiantil, lo que fue considerado por las Fuerzas Armadas como "subversión en las escuelas".

Aquel fatidico evento quedó guardado en la memoria colectiva como la noche de los lápices,  hecho emblemàtico que se convierte en símbolo de la represión militar contra adolescentes y jóvenes.

Tengamos presente que la memoria es siempre producto de procesos colectivos, compartida, transmitida y construida por el grupo o la sociedad, con recuerdos y acontecimientos  que atesora y destaca a la misma.

De acuerdo a ello, las experiencias traumáticas, son siempre  difíciles de asimilar, provocan crisis en la persona y en la colectividad, lo que lleva a olvidos o ausencias que les permitan sobrevivir y funcionar; esto sucede tanto en el sujeto como en la colectividad y sanar esas experiencias y asimilarlas es solamente posible a través de la memoria, proceso esencial, porque sobre ella, construimos nuestra identidad como persona y como pueblo. Pero no nos quedemos en eso, demos un paso más y digamos que es una construcción socio-política, porque la misma es construida a partir de las exclusiones y  también de las  violencias que se ejercen desde  el poder en sentido amplio,  ya sea por parte del Estado y/ o por grupos que han hecho uso del poder.

Siendo conscientes de esta realidad, debemos pulsar desde nuestro responsable Ser docente, por un proceso liberador, basado en profundas transformaciones de la relaciones entre los grupos, siendo seres activos en el proceso socio-político de construcción de la memoria desde nuestras aulas y por lo tanto de un futuro mejor, inclusivo, solidario, más democrático.

 

La memoria sobre La Noche de los Lápices es un ejemplo paradigmático de cómo se construye la misma.

En primer lugar, el episodio fue conocido porque alcanzó resonancia pública durante el Juicio a las Juntas Militares en el año 1985, cuando Pablo Díaz, sobreviviente, narró su historia ante la justicia. Un año después de ese testimonio, la historia de “los chicos” de La Noche de los Lápices logró amplificarse a través del libro y luego a través de una película.

Pero fue en el proceso de profundización de la memoria, que la figura de los jóvenes secuestrados adquirió características más complejas, al poder revelarse la participación militante de los mismos, que al comienzo no era mencionada y a partir de ello su lucha como estudiantes pudo ser inscripta en la historia mayor de las importantes movilizaciones sociales de la década del setenta.

Esto revela el carácter vital que la memoria tiene, cuando las sucesivas generaciones se apropian de un hecho del pasado desde sus preocupaciones del presente. Los hechos del presente resignifican el pasado y los del pasado dan sentido al presente.

Por eso hoy más que nunca, debemos considerar y reflexionar sobre esta fecha, más allá del ejercicio de la memoria como acto de potestad, también como referencia para intervenir sobre nuestra sufriente realidad, la peligrosa realidad de nuestros jóvenes. Jóvenes que están siendo expuestos a viejas prácticas. Parados en la calle para requerirles  el documento y demorados por no tenerlo a mano, jóvenes que se les saca fotos simplemente por manifestarse en su colegio, se los intimida con la irrupción ilegal  de las fuerza de seguridad a las instituciones educativas, jóvenes que tienen que huir de marchas por disuasiones policiales “excesivas” y violentas , en fin jóvenes a los que se vulneran sus derechos de circulación, expresión,petición, participación y educación. Como si lo anterior no tuviese la entidad en simismo , lo último, el botón que faltaba para cerrar un saco de fuerza que intenta inmovilizar a un colectivo, o a una sociedad en su conjunto: un joven desaparecido, bajo sospecha fuerte de haberlo sido  en manos de fuerzas de seguridad:  Nos seguimos preguntando ¿Donde está Santiago Maldonado? Exigimos su aparición con vida.

Hoy nos preguntamos:¿Otra vez pretenden desanimar criminalizando  la expresión y participación juvenil?, ¿otra vez los dueños del poder, gobernando con la consigna de doblegar las resistencias?, ¿otra vez disciplinando, pero esta vez a cara descubierta y a plena luz del día?

A pesar de ello, hoy los jóvenes de escuelas medias de ésta capital federal, con las tomas de algunos colegios, nos están dando un ejemplo de resistencia, están haciendo un camino de ejercicio de sus derechos. Están modelando activamente su futuro, el futuro de nuestro país, acompañado por la irracionalidad de un poder que vulnera sus derechos, porque reglamentó un protocolo ante las tomas delos mismos, donde la fuerza de seguridad y la justicia deben ser parte del proceso. Sin lugar a dudas ,ésto es una práctica de criminalización abierta al derecho de participación de los estudiantes, incompatible con un Estado de Derecho en donde las personas tienen la potestad de manifestarse y reclamar a las autoridades.

Recordamos que existen diferentes marcos legales que reconocen  a los niños niñas y adolescentes como sujetos activos, con derecho a la organización y a la participación en entidades estudiantiles. Asimismo se los reconoce como órganos democráticos de representación estudiantil. En definitiva, los jóvenes tienen derecho a expresar sus opiniones e ideas e incidir en políticas públicas relacionadas a asuntos que los afectan directamente, por ello, nuestra solidaridad con los estudiantes y nuestro fuerte repudio a todo artilugio, dispositivo y protocolo  que los hostiguen.

Que el silencio no vuelva a ser un refugio, que la voz de las resistencias no sea silenciada por las estructuras violentas que aun palpitan.

Depende de nosotros como país, asumir la memoria como eso, un proceso de liberación y construcción de un futuro común.

"El pueblo que no conoce su historia no comprende su presente y, por lo tanto, no lo domina, porque  son otros los que lo hacen por él". Por todo ello, nuestro recuerdo y homenaje a “Los chicos de los Lápices”. Memoria, Verdad y Justicia.

 

Secretaria de DDHH
SADOP CAPITAL